En este blog verá una mínima muestra de las 900 ilustraciones que hoy día pueblan mis cuadernos (...)

miércoles 28 de octubre de 2009

Cuadernillo. (XII) CUIDEMOS DE




Los cuadernos antiguos, del color de la piedra de Villamayor, han sido sustituidos por los nuevos, blancos como Valencia. Gracias a Dani, el compañero de piso que me ha dejado el escáner.

lunes 12 de octubre de 2009

1/10/2009

Mi primera compra en Valencia, la mañana del primer día de hostal, fue realmente memorable. Para que se entienda el porqué de este adjetivo, que otros habrían sustituido por palabras mucho menos altivas, debe saber el lector que aquella mañana gozaba vuestro narrador de gran magnanimidad y de una disposición espiritual especialmente luminosa. Fue gracias a ese estado de ánimo, junto al hambre cegador y a mi plan de ahorro, que me detuve en los pasillos adecuados y ante los víveres elegidos (nunca pensé que una compra en el mercadona pudiera sonar tan épica).
Lo primero que compré fue algo de pan: dos baguettes por 86 céntimos de euro. Tras el pan cayó en mi cesta una tableta de chocolate; a cambio de 90 céntimos de euro podría rememorar mi infancia veraniega y rural con un buen bocadillo de aquel dulce alimento. Finalmente, algo temeroso por los precios, me acerqué a la zona de los embutidos, donde recibí mi gran sorpresa. Allí estaba ella, la nacida en Bolonia, despreciada por algunos exquisitos paladares, rellenada de aceitunas por los portugueses, reina de los hogares humildes: la mortadela. Un sentimiento de nostalgia y compasión se apoderó de mi paladar. Era un buen tomo de rebanadas, más contundente que el de cualquier otro envase, y su precio era endiabladamente ridículo: ¡80 céntimos de euro! Sin pensarlo dos veces me hice con ella y, dando por finalizadas mis compras, pagué a la cajera con la que fue mi primera gran sonrisa desde que la noche anterior llegara a Valencia; una pena que no la considerara suficiente y me pidiera los 2,56 euros que costaba mi compra.

nota: no os preocupéis, pues ahora que me he asentado mi alimentación es variada y nutritiva. Eso sí, junto con la cerveza, que se ha unido a la fiesta, siempre hay dos cosas que no faltan en mi nevera ¿Adivináis cuáles?

miércoles 7 de octubre de 2009

30/9/2009

Después de seis horas de viaje, alrededor de las 23:00, llegué por fin al albergue. En mi habitación me esperaban diez camas distribuidas en literas. Ocho de ellas estaban vacías, una novena la ocupaba un alemán con agitadísima verborrea sonámbula, y la décima estaba destinada a mi merecido descanso. Fui testigo, mientras me acomodaba, de toda clase de aventuras indescifrables que mi altruista compañero de habitación quiso contarme.

Guardo mi maleta en una taquilla asegurándola con un grueso candado que había preparado para la ocasión. Molido y a pesar del hambre y de mi estómago, que resulta que sabe alemán y se pone a charlar con mi compañero de habitación, me echo en la cama dispuesto a dormirme. Todo lo he guardado en el armario salvo las llaves del candado, la tarjeta magnética que abre la habitación, y el móvil, que me habrá de despertar a las 8:30 de la mañana. Duermo con la misma ropa con la que llegara hacía media hora. La temperatura es inmejorable.
Tras cerrar los ojos pienso que mis pertenencias (llaves, tarjeta y móvil) pudieran no estar seguras en el bolsillo de mi pantalón, así que, más por comenzar bien el viaje que por desconfianza, decido que el mejor lugar para acomodar mis tres piezas claves es el interior de mis calzoncillos. Pronto compruebo que no es lo más cómodo del mundo, pero lo asumo con toda la naturalidad que permite un manojo de llaves clavado en la nalga. Lo último que recuerdo haber pensado antes de dormir fue el extendido consejo de alejar los móviles de los genitales, por eso de las radiaciones y su efecto sobre la fertilidad masculina. Unos días antes había leído en un artículo parte de un estudio científico alemán que confirmaba el rumor. Afortunadamente, mientras le doy vueltas a los pros y los contras de mi situación, el móvil emite un sonido agónico: batería baja. Victorioso, pienso que en ese estado no podrá ser muy peligroso.

Y así, no sin ciertas dificultades, logré dormirme con aquellas llaves tatuándome la nalga derecha, muerto de hambre, y maldiciendo a la patria alemana por sus sonámbulos parlantes y sus científicos agoreros.

lunes 28 de septiembre de 2009

Valencia

Muy a mi pesar tendré que detener durante un tiempo las actualizaciones de ilustraciones de mi blog. Este miércoles llegaré a Valencia, dispuesto a sobrevivir cueste lo que cueste y, cueste lo que cueste también, dispuesto también a darme un baño en el mediterráneo.
Aunque mis cuadernos se seguirán llenando al mismo ritmo que hasta ahora no tendré escáner, por lo que quizá, quién sabe, de vez en cuando os importune con alguna que otra narración de mis aventuras por la tierra de los naranjos.

Todo es posible; en el puzzle sideral todo acaba encajando.

Sonrían mucho :D

sábado 12 de septiembre de 2009

Cuadernillo. (X) HUMANOS CONTRA HUMANOS


jueves 3 de septiembre de 2009

Cuadernillo. (X) ÉL Y YO


sábado 22 de agosto de 2009

Cuadernillo. (X) REINTERPRETANDO

"La lechera" de Vermeer

"Los jugadores de cartas" de Cézanne

"El Príncipe Baltasar Carlos a caballo" de Velázquez